BARCELONA, ENTRE GAUDÍ Y EL MAR


Barcelona es una de mis ciudades favoritas del viejo continente, ¿por qué? Porque tiene todo lo que uno espera de una gran urbe europea, museos, edificios históricos, vida nocturna, buena gastronomía y grandes tiendas, pero tiene, además, dos cosas que la hacen única: Gaudí y el mar. Poder ir caminando a la playa a la salida de un museo es algo de lo que pocas de las grandes ciudades europeas se puedan jactar, y Gaudí…¡ay, Gaudí!…inigualable.
¿Qué puedo decir yo de Barcelona que no se haya dicho ya? ¿Que no encuentres en cualquier otra entrada de blog o guía de viajes? Que no defrauda. Tiene todo eso que leíste o que te contaron. Es atractiva y, sobre todo, interesante. Tiene algo especial con el diseño urbanístico, con la arquitectura, que flota en el aire. Recuerdo que lo primero que llamó mi atención fueron los faroles, las luces de la calle tenían un diseño diferente según en la parte de la ciudad que te encuentres. Más modernos o más antiguos, más cargados o más sencillos. Las plazas, los monumentos, todo me atrapó. Es como que toda la ciudad se tuvo que poner a la altura de su ilustre símbolo, Antoni Gaudí.

Todo es diseño, hasta los faroles

¿Quién es Gaudí? Un arquitecto genial (1852-1926), que suele ser considerado el gran maestro del modernismo catalán y un referente a nivel mundial, pero, honestamente, su obra sobrepasa cualquier intento de clasificación. No es mi intención aquí pretender explicar arquitectura ni replicar su biografía de Wikipedia, no, no les quiero hacer perder tiempo ni aburrirlos. Sólo déjenme decirles que el tipo era, sin lugar a dudas, un genio y que su obra, personal e imaginativa, encuentra su principal inspiración en la naturaleza. Gaudí estudió las formas y estructuras orgánicas y buscó aplicarlo a sus construcciones y desarrollos. El resultado son una serie de edificios, parques y templos completamente increíbles y llamativos hasta para un analfabeto arquitectónico como yo. Observar y recorrer una de sus construcciones es como meterse dentro de un cuento infantil de aventuras. Las formas no se parecen en nada a lo que uno está acostumbrado a ver, paredes redondeadas, con texturas raras, muchas líneas curvas, todo funcional y, a la vez, único y atrapante. Son como escenografías de una película de ciencia ficción. Por ejemplo, Casa Batlló, uno de sus imperdibles, es como si hubiesen construido un caserón basándose en el Nautilus de Julio Verne. Todo en ella hace referencia al mar, sus colores, sus formas, su estructura. Su color interior que está diseñado para aprovechar la luz natural que ingresa por el techo, su sistema de ventilación y refrigeración totalmente adelantado a su tiempo, todo en ella escapa a lo convencional. Hacer una visita guiada a su interior es un placer que bien vale la pena darse. Pero no es sólo eso, también está el colosal Parque Güell  que tiene de todo para ver, desde su archifamoso lagarto de la entrada hasta un museo del propio Gaudí, pasando por unos pasillos exteriores con forma de olas de piedra que son alucinantes.

Casa Batllo

Bajo ningún punto de vista te podés perder la Sagrada Familia, iniciada en 1882 y aún en construcción, probablemente una de las iglesias más icónicas y famosas del mundo entero. No sólo es imponente por su tamaño sino por su diseño, no sólo exterior (tiene uno de sus frentes ornamentado con figuras impresionantes que representan a la pasión) acaso, más aún, por el interior. ¿Qué hizo Gaudí? Lo construyó como si fuera la estructura de un bosque, sí, las columnas son como grandes árboles con ramas que se entrelazan allá arriba generando una solución original y maravillosa al problema estructural de un techo tan alto. Y si eso fuera poco, ésa nave central-bosque está iluminada por unos de los pocos vitrales (si no los únicos) del mundo que son alegres. En lugar de sobrecogerte, el interior de la Sagrada Familia te abraza cálidamente. Impresionante e imperdible. Anotalo en tu cuaderno de viaje: Gaudí-Batlló-Sagrada Familia. No te vas a arrepentir.

Sagrada Familia
Las columnas de la Sagrada Familia

Dicen que no sólo de historia y arte vive el viajero, por eso siempre es bueno recrear un poco la vista con algo de descanso y contemplación del paisaje. Bueno, en esto también Barcelona tiene mucho para ofrecer porque se encuentra a orillas del Mediterráneo. ¿Estás cansado de tanto museo y concentración de gente? Escapate hasta la Barceloneta y sentate a meditar acompañado del lento vaivén de las olas, y si hace calor nada mejor que un buen chapuzón para renovar energías. Pero hay más, si dispones de tiempo, muy cerca de la ciudad, tanto hacia el norte como hacia el sur, podés encontrar localidades encantadoras y paisajes costeros de postal.
Estos paseos se pueden hacer tanto en tren como en automóvil. Yo los hice en tren y resulta muy atractivo porque vas viendo la playa por la ventanilla y en cuanto ves algo que te gusta no tienes más que bajarte en la próxima estación. Pero debe ser grandioso hacerlo en auto, alquilar uno y dejarse llevar por las rutas panorámicas que discurren tanto hacia el sur como al norte, porque serpentean entre la montaña y el mar. Si vas hacia el sur por la Ruta C-31 vas a llegar primero a Casteldelfels y luego a Sitges. Gran programa para pasar el día aunque no sea verano porque ambas localidades son bien pintorescas (de manera muy distinta a Barcelona) y atractivas. Además de bonitas playas, en Casteldelfels encontrarás, entre otras cosas, un imponente castillo terminado en el s.XVIII y lugares de escalada, por ejemplo; y en Sitges, una de las ciudades costeras más elegidas por la comunidad gay, la escultura al colectivo homosexual que es el primer monumento conmemorativo de la comunidad LGBT en España.

Si vas hacia el norte (por la C-32 o en tren), en sentido hacia la renombrada Lloret del Mar también existen diversos pueblos y localidades muy llamativas para conocer y pasear, yo, por ejemplo, me detuve en una que se llama Caldetas. Antiguo lugar de veraneo de la burguesía catalana posee gran encanto no sólo en sus paseos junto al mar sino también adentrándose en sus calles.

En resumen, la lista de pros de Barcelona puede ser casi interminable: museos, arte, historia, paisaje, vida nocturna, playas, castillos… y si eres amante del deporte le sumamos al renombrado Barcelona FC. En fin, sobran los argumentos para incluirla en cualquier itinerario por el viejo continente, ¿o no?

Sebastián Cabrera

Sebastián Cabrera

Soy un periodista argentino que viajo porque me apasiona y escribo porque, sencillamente, no puedo evitarlo.
Desde niño sentía que las vacaciones no estaban completas hasta que compartía mis aventuras en el recreo de la escuela. Ahora, de grande, ya no tengo el recreo pero sí este blog. La esencia es la misma.

Es bueno conocer la opinión de los lectores, podés dejar tu comentario para enriquecer el sitio.
Si te resulta útil el blog te invito a acompañarme con un "me gusta" en la página de facebook.
Sebastián Cabrera

Latest posts by Sebastián Cabrera (see all)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *