CATAMARCA I: NIEVE Y ARENA

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      En solo una semana viajando por estas tierras dominadas por el viento zonda se puede disfrutar de todas las bondades de su geografía. Desde tirarse en sandboard bajando dunas gigantes hasta hacer guerras de bolas de nieve, pasando por hermosas termas naturales, ruinas incas y una iglesia con un santito caminador. Fueron nueve días intensos visitando tres destinos de la cordillera catamarqueña Fiambalá, Belén y la Puerta de San José.

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LA PREVIA

-¿A Catamarca? Pero si no hay nada… ¿Por qué a Catamarca?
La pregunta se repitió una y otra vez desde que decidimos el destino de las vacaciones de invierno, y la respuesta también:
-No lo sabemos, simplemente queremos conocerla.

Lo que personalmente me atraía era ese prejuicio de que no hay nada para hacer allá y que la gente descarte visitarla. ¿Cómo no iba a haber nada? Es imposible aburrirte donde hay montañas. Además, yo había visto unas fotos de las termas de Fiambalá y estaba claro que era un lugar para visitar, y preguntando un poco unos amigos me hablaron de ruinas incas y bonitos caminos cordilleranos. Listo, no hizo falta más nada. Catamarca, allá vamos.

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FIAMBALÁ

     Sus pobladores le dicen la Capital de la Cordillera porque se encuentra a unos 1500 msnm en el comienzo del Altiplano andino y es la última localidad sobre la Ruta Nacional 60 antes de llegar a Chile a través del Paso de San Francisco. El pueblo en sí no me resultó demasiado atractivo, no tiene el encanto fotográfico de los pequeños poblados con sus edificios coloniales ni las comodidades de infraestructura de los destinos turísticos desarrollados, pero el paisaje… el paisaje lo es todo. Allí donde mires las calles terminan en grandes montañas que se comen el horizonte y te rodean haciéndote sentir chiquitito. Y esas mismas montañas ofrecen muchas cosas para hacer.

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     Al ser vacaciones de invierno la poca oferta de alojamiento se encontraba ocupada (sobre todo las cabañas) por lo que nos alojamos en una casa de familia (dos habitaciones con baño y tv, 300 pesos la noche). Y si bien la anfitriona, Liliana, era súper amable, el hecho de no tener una cocina, ni ventanas y tampoco calefacción hizo que nuestra estadía no se prolongara mucho. Aun así no dejamos de hacer las principales actividades.

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     Termas. A 14 km de la plaza se encuentra su famoso complejo de piletas termales que van desde los 24 a los 51 grados de temperatura y que mantienen su aspecto natural no sólo por el entorno de montañas donde se erigen sino también por el suelo pedregoso de las mismas. Son catorce piscinas que se encuentran dispuestas en la ladera de la montaña y que se comunican a través de pequeñas cascadas que van enfriando sus aguas a medida que se desciende de una en una. Es un lugar ideal para pasar el día, tiene quinchos, bancos, un bar comedor y unas cabañas muy lindas que hay que reservar con mucha anticipación. Uno de los mayores placeres es quedarse en sus aguas calentitas mientras el sol del invierno va cayendo sobre las montañas, una delicia. Y si te gustan los animales, ya entrada la noche podés ver cómo se acercan los curiosos zorros en busca de algo de comida fácil en las cercanías del estacionamiento.

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la pileta de 51 grados es la menos visitada
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El complejo está abierto hasta las 22 hs
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Los zorros se acercan al caer la noche

     El complejo abre desde las 7 a las 22 horas y la entrada cuesta 30 pesos (menores de 10 años gratis, estacionamiento 15 pesos). Es importante tener en cuenta que para llegar hasta allí hay que cruzar un río que en verano puede tornarse muy caudaloso, por lo tanto hay que tomar precauciones si se va en época de lluvias.

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     Sandboard. Sí, en plena cordillera se puede practicar esta actividad. Es que en medio de las gigantescas montañas hay también grandísimos médanos que te transportan imaginariamente a otras geografías. Más allá del impacto visual que es, de por sí, algo destacable, no podés dejar de probar este divertidísimo deporte que consiste en deslizarte a gran velocidad por las enormes pendientes de arena fina. ¿Cómo hacés? Te alquilás una tabla en el pueblo (60 pesos, media tarde) y te vas a alguno de los varios puntos que hay para hacerlo como Saujil, Medanitos o Tatón, nosotros fuimos al primero porque queda más cerca.
Son 12 km hacia al norte desde Fiambalá, ahí llegás al poblado de Saujil y seguís el cartel que te lleva al balneario, primero, y un segundo cartelito, después, que señala la “duna mágica”. Detrás de una cuesta que subís caminando te encontrás con un gigantesco médano que te intimida de sólo mirarlo. No soy bueno calculando medidas pero créanme que es enorme. Una vez allí dependerá de tu estado físico, habilidad y valentía las veces y formas en las que te tirarás duna abajo sintiendo la velocidad en la cara. Un consejo: fijate bien dónde vas a frenar al elegir tu camino, no está bueno terminar en las piedras del fondo (las raspaduras de mis manos dan fe de ello). La mejor hora para ir es a media tarde para evitar el fuerte sol del mediodía y poder disfrutar del atardecer en los médanos.

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La gigantesca duna mágica
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Camino al Paso San Francisco

     Paso Internacional de San Francisco. Son casi 200 km de ruta panorámica hasta llegar a la frontera, un recorrido que suele terminar en la vecina laguna verde, ya en suelo chileno. Es un paseo imperdible que lleva todo el día y que tiene muchos puntos de interés a lo largo del camino por lo que no es indispensable llegar hasta Chile (nosotros hicimos unos 120 km hasta un paraje denominado Cazadero Grande). Lo bueno es que se hace todo por la Ruta Nacional 60 que está en perfecto estado y no tiene ni grandes subidas ni esos caminos de cornisa que te quitan el aliento. Manejar por allí es todo placer, un camino que te invita a parar una y mil veces para ver y fotografiar sus montañas de muchos colores, sus vicuñas, sus ríos.

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     Hay varios sitios destacados en el trayecto como las quebradas a la altura de Las Angosturas, el volcán Pissis, la lagunita en Cortaderas y la vista de los Seismiles (volcanes que superan los 6000 msnm) a partir de Cazadero Grande, entre otros. Hay que tener en cuenta que la altura puede afectar a los visitantes por lo que no está de más tomarse un buen té de coca antes de salir. Por ejemplo al llegar a Cortaderas uno ya se encuentra a 3300 msnm y eso se siente. En su pequeña laguna, junto a un hotelazo 5 estrellas, se suelen ver vicuñas y flamencos. Nosotros no tuvimos suerte con las aves pero el gran frío que hacía nos dio otro disfrute: el agua estaba congelada. Sí, una fina capa de hielo bordeaba todo el espejo del agua, así que estuvimos jugando un poco pisoteando su crujiente orilla. Ése mismo clima, de intenso viento y bajas temperaturas, nos fue afectando hasta que decidimos no llegar hasta el paso propiamente dicho, no obstante, el paseo fue inolvidable.

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     El pueblo. Si bien no tiene demasiados atractivos, hay dos lugares que merecen destacarse. Uno es el Museo Del Hombre (10 pesos, menores de 10 años gratis). Es muy chiquitito, en su muestra hay piezas arqueológicas de los pueblos originarios de la región donde sobresalen dos momias, un hombre y una mujer, muy bien conservadas y que se cree que formaron parte de algún tipo de sacrificio religioso dado que se la encontró junto con varias ofrendas. Por el mismo valor de la entrada se visitan dos salas más, el Museo de Mineralogía y el de los Seismiles. El primero muestra piedras de la zona y el segundo cuenta anécdotas de los primeros escaladores de los volcanes catamarqueños.

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     Iglesia de San Pedro. En la entrada del pueblo se encuentra este templo levantado en 1770 por el fundador de Fiambalá, Diego Carrizo, para albergar una figura de San Pedro a la que se le atribuyen muchos milagros. En la capilla te recibe Celia, una lugareña devota del santo que te cuenta con mucha pasión la historia de cómo llegó la estatuilla desde el Alto Perú y los milagros en los que se vio involucrada. Se lo conoce como el “Santo Caminador” porque no son pocos los locales que aseguran haberlo visto caminando de noche entre los viñedos de la zona. Como prueba de ello existe una vitrina repleta de pares de zapatitos gastados que han vestido los pequeños pies de la figura y que se le cambian cada tres meses. Tanto el relato como la iglesia en sí bien valen la pena dedicarle una visita.

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DATOS PRÁCTICOS

¿Cómo llegar?
Fiambalá se encuentra sobre la Ruta Nacional 60, en la provincia de Catamarca, a unos 1400 km de Buenos Aires. Si se viaja en automóvil desde la capital argentina se puede tomar la Panamericana hasta Rosario, luego la Autopista Rosario-Córdoba, siguiendo por la Ruta Nacional 9 hasta el cruce con la RN 60 (pasando Jesús María). Una vez en la RN 60 son unos 600 km pasando localidades como Deán Funes, Quilino, Aimogasta, Tinogasta hasta llegar a Fiambalá. Hay que tener en cuenta que en la Au Rosario-Córdoba no hay estaciones de servicio por lo que es recomendable llenar el tanque antes de tomarla.
También se puede llegar en micro dado que Fiambalá tiene terminal de ómnibus, o en avión combinando con un bus desde San Fernando de Catamarca.

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Alojamiento
No es mucha la oferta en este rubro. Sin lugar a dudas lo mejor es alojarse en las bonitas cabañas del complejo termal. Tienen dos servicios, las clásicas y las vip, y hay que reservar con bastante anticipación al teléfono del complejo (03837) 496250. Otra opción es la Hostería Municipal que se encuentra en pleno centro y tiene restaurante. Su teléfono es (03837) 496291. Además existen un par de complejos de cabañas y algunos hospedajes que permiten ubicaciones por menor costo.

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En el próximo post sigue el recorrido por la provincia que todavía nos tenía preparadas varias sorpresas agradables en el camino…

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Sebastián Cabrera

Sebastián Cabrera

Soy un periodista argentino que viajo porque me apasiona y escribo porque, sencillamente, no puedo evitarlo.
Desde niño sentía que las vacaciones no estaban completas hasta que compartía mis aventuras en el recreo de la escuela. Ahora, de grande, ya no tengo el recreo pero sí este blog. La esencia es la misma.

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