CUBA, LA INCÓMODA

La Revolución en las paredes - Santiago de Cuba

Cuba es un país que te hace pensar.

     Seguramente hay muchas Cubas, según se mire la isla, pero sobre todo hay dos, innegables, una para los visitantes y otra para los cubanos. Se tocan, se espían medio de reojo, pero no se terminan de mezclar.  En muchos países, sobre todo los del tercer mundo, suele ocurrir que hay cosas que están ocultas para el turista, cosas que no quieren que veamos, pero es una barrera informal que con un poco de ingenio se puede sortear en busca de un contacto más completo con el lugar. En Cuba esto es oficial.  Tan patentes son estos dos países que hasta tienen su propia moneda. Sí, hay una moneda para el extranjero y otra para el local. Y esta división te sorprende apenas ponés un pie en el aeropuerto José Martí de La Habana y buscás cambiar dinero: tenés el CUC (Peso Convertible Cubano, cotiza como el dólar) y el  CUP (Peso Cubano, 24 veces más barato), ambos oficiales. “Compre CUC,  el peso no lo va a usar, no es para turistas”, te dicen.  Y a partir de estas monedas se abren las distintas cubas con alojamientos, lugares para comer, medios de transporte y hasta lugares para visitar diferenciados. Es así, en Cuba no somos todos iguales, y eso en un primer momento choca, o mejor dicho, incomoda. Sí, incomoda es la palabra, porque, por un lado, requiere un mayor esfuerzo para conocerla y, por otro, porque te interpela. Te hace pensarla y pensarte. Cómo no te va a molestar que vos puedas disfrutar de lugares como Los Cayos y los cubanos no, que sólo los dejen entrar para trabajar. Cómo no te va a molestar esta dualidad de su moneda y, a la vez, cómo no relacionarla con lo violento del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos y el impacto que debe representar la gran afluencia de visitantes de los países capitalistas.

Museo de la Revolución - La Habana Ministerio del Interior - La Habana

     No busco hacer un análisis histórico-político -algo que está fuera de mi alcance dados mi escaso conocimiento y las pocas semanas que estuve por allí-, no, yo quiero hablar de las sensaciones que experimenté en mi visita, de la sucesión de momentos en los que me encontré cuestionando y justificando, de las veces que tuve que analizar mi postura frente a cosas como la libertad, la igualdad o la sociedad de consumo, de cómo Cuba me obligó a pensarme.

Viñales

     Es que es imposible no hacerte preguntas en un país tan parecido y a la vez tan distinto. Y esa doble moneda tan extraña al principio te empieza a parecer más justificable una vez que te vas adentrando en la isla y eso que hablaste tantas veces en los pasillos de la universidad se vuelve palpable: en Cuba no hay grandes diferencias sociales, no hay pobres ni ricos. Cómo no te va a llamar la atención que en un país sin grandes riquezas económicas no exista la pobreza, que no haya criminalidad ni nenes en la calle aspirando pegamento o pidiendo sino que estén jugando al béisbol. Cómo no quedarse pensando ante semejante logro, algo así como un país pobre sin pobres.

Jugando en la calle - Trinidad

Niños jugando - Trinidad

     En la isla todo cobra dimensión simbólica, no solo los carteles alegóricos de la revolución, comprar una fruta en el mercado, una charla casual, o tomar un taxi; porque ése chofer resulta ser ingeniero civil y entonces las cuestiones siguen surgiendo. Es elogiable el nivel cultural, eso que tantas veces escuchaste, la gran cantidad de profesionales que tienen, pero es lamentable no verlos desempeñarse en sus profesiones sino en labores mejor rentadas como manejar un coche de alquiler.

Plaza de la Revolución - La Habana

      Es que pareciera ser que Cuba es todo eso, un país con algunas libertades recortadas pero con acceso garantizado a la salud y la educación, con una economía emparchada pero sin indigencia, con contradicciones pero sin grandes contrastes, con un gran líder pero que ya no está. Uno de esos lugares que te marcan, que te dejan huella, a los que no podés permanecer indiferente.

     Cuba no es un país ideal, es un país con ideas y eso te deja pensando…

Hombre curioso - Trinidad

Nota: fotografías de Romina Marelli.
Sebastián Cabrera

Sebastián Cabrera

Soy un periodista argentino que viajo porque me apasiona y escribo porque, sencillamente, no puedo evitarlo.
Desde niño sentía que las vacaciones no estaban completas hasta que compartía mis aventuras en el recreo de la escuela. Ahora, de grande, ya no tengo el recreo pero sí este blog. La esencia es la misma.

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