LAS VENTANAS DE PUERTO MONTT

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“Puerto Montt… es un puerto”, dijo el chofer, lapidario. Una frase que parece obvia pero que define claramente las diferencias entre la geografía urbana local y la de sus turísticas y famosas vecinas de Puerto Varas y Frutillar, más coquetas, más “alemanas”.

Esta extensa ciudad portuaria distribuye entre sus intrincadas subidas y bajadas sus cabañas, irregulares y sencillas. No hay dos iguales, sin embargo le dan una atmósfera homogénea de cosa casera con sus tejuelas, sus colores y sus ventanas. Todas diferentes, todas decoradas. Es que las ventanitas de Puerto Montt tienen ese no sé qué… Te llaman a mirarlas, a meterte un poco en su cotidianeidad. Sus estatuillas de porcelana te acompañan en las caminatas y sus flores perfuman la brisa marina.

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Como si supieran que poco tienen para competir con la elegancia europea de Puerto Varas y Frutillar, ellas nos miran pasar desde su sencillez, sin tomar real conciencia de su encantadora naturalidad.

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Así es Puerto Montt, con simpleza nos muestra lo poco que tiene para ofrecer a los ojos del viajero, el mercado portuario de Angelmó donde, entre palafitos y barcos viejos, se dan cita turistas, locales, pelícanos, gaviotas, jotes y lobos marinos, todos con el mismo objetivo: comer pescados y mariscos fresquitos.

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Con la panza llena se puede caminar un poco más, y acercarse a su florida costanera donde uno puede sentarse a contemplar el mar o fotografiarse junto a “Sentados frente al mar”, la estatua de los enamorados que funciona como anticipo de lo que se ve un poco más adelante, en el muelle, donde las parejitas se dan cita para besarse junto al mar. Cerquita nomás está la plaza de armas y la catedral, pero lo más interesante seguirá siendo perderse en sus callejuelas persiguiendo las historias de sus ventanas.

Alrededores de Puerto Montt

+ Con movilidad propia o con transporte público uno fácilmente puede darse un recreo a la vista. A orillas del enorme lago Llanquihué se ubican las bonitas localidades de Puerto Varas (22 kms desde Pto Montt) y Frutillar (45 kms), más simétricas, más perfectas. Construidas por colonos alemanes tienen el encanto de una aldea alpina. Costaneras floridas con monumentos, miradores y glorietas, hoteles lujosos, hermosas vistas al lago y sus volcanes Osorno y Calbuco, y una deliciosa gastronomía de base europea.

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La hermosa costanera de Frutillar
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Su atmósfera europea

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+ En busca de una experiencia más natural, lo mejor es el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales (82 kms). Es el más antiguo de Chile y tiene una superficie de más de 250 mil hectáreas. Su principal atractivo son los Saltos de Petrohué, un conjunto de cascadas y saltos que se forman en el río homónimo que resultan muy vistosos por su espectacularidad y por el color esmeralda de sus aguas. Dicho pigmento se lo deben al lago de Todos los Santos donde nace y desde donde se tienen maravillosas vistas de los volcanes.

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Los Saltos de Petrohué

+ También se pueden visitar otros sitios como el volcán Osorno (76 kms) y la isla de Chiloé (120 kms), muy renombrados pero que nosotros no hemos conocido por falta de tiempo.

Alojarse como en casa

Hay mucha oferta hotelera en Puerto Montt, desde cadenas internacionales hasta pequeños hospedajes. ¿Cómo recluirse en un hotel enorme en un pueblo que invita a la intimidad?

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Nosotros elegimos el Hostal Don Nicolás, una bonita posada con infinidad de habitaciones para todos los gustos y unas majestuosas vistas de la bahía gracias a su gran ubicación. Lo mejor: sus abundantes desayunos caseros servidos por Marcelo y su familia que te harán sentir como en el living de tu casa.

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De todos lados se ve la bahía

Gastronomía

En la zona céntrica hay muchos restaurantes y pequeños locales gastronómicos donde degustar desde los famosos curantos hasta los simpáticos y económicos papapletos, pero sin lugar a dudas, lo más característico es almorzar pescados y mariscos en algún negocio de Angelmó. Comer afuera no resulta algo particularmente económico por lo que si se cuenta con bajo presupuesto lo mejor es comprar en mercados y armarse su propia comida.

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Compras y recuerdos

“¿Vas a Chile? Uh, comprate de todo”, suelen decir del otro lado de la cordillera en cuanto deslizás que tu próximo destino viajero son las tierras de Víctor Jara. Mal que nos pese, en estos tiemps es así. En Puerto Montt, como en toda ciudad chilena más o menos grande, hay shoppings y grandes tiendas donde conseguir desde ropa hasta artículos electrónicos a muy buenos precios. Y si vas con ese plan, seguro no te defraudará. Pero también hay mercados artesanales donde venden unos riquísimos quesos y todo tipo de elementos manufacturados. Son muy requeridos los tallados en alerce (árbol típico de la región y hoy casi extinto).

En síntesis, con el espectacular marco del mar por delante y los volcanes por detrás, Puerto Montt se ofrece como una gran opción (en relación precios-servicios) para iniciar un viaje hacia la Patagonia chilena.

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Sebastián Cabrera

Sebastián Cabrera

Soy un periodista argentino que viajo porque me apasiona y escribo porque, sencillamente, no puedo evitarlo.
Desde niño sentía que las vacaciones no estaban completas hasta que compartía mis aventuras en el recreo de la escuela. Ahora, de grande, ya no tengo el recreo pero sí este blog. La esencia es la misma.

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