MONOS, TUCANES Y FLORES: EL BOTÁNICO DE RIO

Mono capuchino
Mono capuchino

Caminás por un sendero contemplando la frondosa vegetación cuando, de repente, un ruido de ramas agitándose llaman tu atención. Levantás la cabeza y ahí lo ves: un simpático mono capuchino alimentándose a escasos metros de tu posición. Tomás tu cámara y comenzás a fotografiarlo sin que se inmute. Unos árboles más atrás un tucán te regala su mejor perfil, está un poco oscuro, por lo cerrado del bosquecito, pero la experiencia es excitante. Al bajar la mirada un destello azul te hace parpadear, es una enorme mariposa tropical que se posa en el camino. ¿Dónde estás? En el maravilloso Jardín Botánico de Rio de Janeiro.

Tucán
El Tucán, majestuoso entre las ramas
Botánico de Rio de Janeiro
Senderos rodeados de naturaleza
Capuchino negro comiendo
Capuchino negro comiendo

UN POCO DE HISTORIA

Vecino al Parque Nacional de la Tijuca, el Jardín Botánico de Rio de Janeiro es un verdadero paraíso para los amantes de la naturaleza. En sus 137 hectáreas alberga más de 9.000 especies de plantas entre nativas y foráneas, gran cantidad de aves y algunos pequeños mamíferos.

Garza en Botánico
Una garza estudiando la laguna

Sus orígenes datan de 1808 cuando el Príncipe Regente de Portugal, João VI, se estableció en Rio y creó un jardín de aclimatación para adaptar al clima carioca  las especias traídas desde las Indias Orientales como la canela, la pimienta y la nuez moscada. En 1822 fue abierto al público como Real Jardín Botánico y se aumentaron notablemente las especies exhibidas.

Orquídea en Botánico de Rio de Janeiro
Una de las cientos de orquídeas
Jardín Botánico de RIo de Janeiro
La fuente central

QUÉ SE PUEDE ENCONTRAR

Hoy en día cuenta con una gran muestra entre las que se destacan un Orquideario con 600 especies diferentes de orquídeas, un Bromeliario con más de 10 mil ejemplares de bromelias, una de las más grandes colecciones de cactus de Brasil y un invernadero de plantas carnívoras.

Jardín Botánico de Rio de Janeiro
Un lugar lleno de colores
Jardín Botánico de Rio de Janeiro
Galería de palmeras
Mono tití comiendo
Mono tití comiendo
Jardín BOtánico de Rio de Janeiro
Repleto de flores impactantes

Es enorme y, por momentos, exuberante. Recorrerlo es sencillo y placentero A través de senderos perfectamente señalizados uno se va internando en los diferentes sectores como el Jardín japonés, la sección amazónica o el jardín sensorial (para no videntes), entre otros.

Orquídea en BOtánico de Rio
Otra de las orquídeas
Jardín botánico de Rio de Janeiro
La laguna está llena de plantas acuáticas
Jardín BOtánico de Rio de Janeiro
Posee muchos lugares para contemplar el parque

No sólo vegetación se puede observar en el parque, también alberga una serie de edificios históricos como la fachada de la Real Academia de Bellas Artes, la Casa de la Emperatriz (palacete colonial restaurado donde funciona hoy la Escuela Nacional de Botánica Tropical), y un Museo de la Fábrica de Pólvora de la ciudad.

Capuchinos negros
Familia de capuchinos negros
Capuchino negro comiendo
Capuchino negro comiendo
Tucán
El enorme tucán

Pero lo mejor, sin lugar a dudas y si te gusta la naturaleza, son las especies animales que atrae su forestación. Con algo de fortuna se pueden avistar: ardillas, zarigüeyas, monos como el tití y el capuchino negro, el perezoso bayo, puercoespín de cola larga y mapache austral. Entre las numerosas aves podemos destacar garzas, colibríes, cotorras, benteveos, chingolos, y el hermoso y llamativo tucán de pico acanalado, entre otras. ¿Dónde? En todas partes, es sólo cuestión de tener paciencia y buen ojo.

Mono tití
Un tití curioso se acerca
Jardín botánico de Rio de Janeiro
Cientos de aves lo habitan
Mono tití
Un tití se hace amigo

Ideal para pasarse una tarde nublada en contacto con los olores y sonidos de la naturaleza y olvidando, por un rato, que se está en una de las ciudades más bulliciosas de América Latina.

Mono tití
Los tití son los más curiosos, se acercan buscando comida
Sebastián Cabrera

Sebastián Cabrera

Soy un periodista argentino que viajo porque me apasiona y escribo porque, sencillamente, no puedo evitarlo.
Desde niño sentía que las vacaciones no estaban completas hasta que compartía mis aventuras en el recreo de la escuela. Ahora, de grande, ya no tengo el recreo pero sí este blog. La esencia es la misma.

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