ODISEA KAFKIANA EN PERÚ

ODISEA: 1. f. Viaje largo, en el que abundan las aventuras adversas y favorables al viajero. 2.f. Sucesión de peripecias, por lo general desagradables, que le ocurren a alguien
KAFKIANO,NA: adj. Dicho de una situación: Absurda, angustiosa.

Tuve que recurrir a la RAE para encontrar las palabras que describan nuestras primeras 24 horas en tierras incas. Una odisea kafkiana en Perú, sí. Es que, evidentemente, cuando tu año viene torcido, tu viaje no va a escapar a ese destino. Y el pasado 2019 fue un año muy difícil en lo personal, con algunos apremios económicos y muchos tropiezos laborales, y nuestra llegada a Perú no pudo estar más a tono con mi año. Ya les contamos nuestro problema con la profilaxis para viajar al Amazonas y la resolución de viajar sin tratamiento anti malaria, bueno, eso fue solo el principio.

Amazonas, allá vamos


Dos horas nos separaban de Iquitos. 120 minutos restaban para cumplirle el sueño a Ona de conocer la selva. Sonrientes atravesábamos la manga del aeropuerto de Lima cuando escuchamos por altoparlante: “señor Sebastián Cabrera se lo solicita en el counter de Skyairline”. Uh, pensarán ustedes, ¡qué cagada!, pero yo no, ni la mínima sombra de preocupación había en mi semblante. ¿Qué podía pasar? Tranquilos nos dirigimos hacia el mostrador de embarque a ver qué pasaba.
-Su equipaje tiene un objeto prohibido
-¿Qué?
-Su equipaje tiene un objeto prohibido, un cigarrillo electrónico.
-¿Qué tiene de malo eso?- dijo Romina, y mientras ella discutía con la empleada se me vino a la mente la secuencia en la que la antipática empleada del check-in me largaba una catarata ininteligible de sustancias y objetos prohibidos: “¿llevaexplosivosmonopatinamotorlíquidoinflamablevenenoarmasdefuego-baterìasdelitioácidogascomprimidocigarrilloelectrónicoblanqueadores?” Sí. En medio de todo ese discurso desganado la tipa dijo cigarrillo electrónico. ¿Un cigarrillo electrónico?, dirán ustedes, ¿qué tiene de peligroso un puto cigarrillo electrónico?, agregaré yo. No lo sé, pero había que sacarlo. ¿Cómo?
-La señora lo va a llevar- dijo la empleada, impasible- No va a llegar- le dijo a Romina por lo bajo, más impasible aún.

EL AEROPUERTO IMPOSIBLE
ESCENA 1
Aeropuerto Internacional de Lima. Interior. Día
.

-SEÑORA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA: ¿Nombre?
Se lo digo. Lo anota en un papelito.
-SEÑORA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA: ¿Pasaporte?
Le digo mi número de pasaporte.
-SEÑORA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA: ¿No tiene el pasaporte?
-YO: No lo tengo, lo tiene mi mujer, me acaban de bajar del avión porque tengo que sacar algo de la mochila- me mira con cara de nada mientras anota algo en su papelito-. Vamos, por favor, que pierdo el vuelo.
-SEÑORA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA: Ah, ya.
Caminamos unos 100 metros y llegamos al control con detector de metales. Ahí se anuncia y pide un “nivel 5”. Esperamos. No pasa nada.
-YO: Señora, pierdo el vuelo- le digo.
-SEÑORA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA: Ya, hay que esperar.
Es todo lo que responde.
Minutos después aparece un segundo empleado que se suma al equipo.
-SEÑOR DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA: ¿Nombre?
Se lo digo. Lo anota en otro papelito más chico que el de la Señora.
-SEÑOR DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA: ¿Pasaporte?
Le explico lo mismo que a la Señora. Misma cara de nada, misma duda frente al papelito. Silencio. Piensa. Silencio.
-YO: ¡Vamos, por dios, que pierdo el vuelo!- le recordé.
Avanzamos ahora unos metros más, bajamos una escalera de incendios y nos detenemos ante una puerta de seguridad. Señora y Señor se miran, hablan por handy y esperan. Intento abrir la puerta pero ellos me detienen. “Pierdo el vuelo”, les recuerdo. “Ya, pero hay que esperar”, dicen ellos. Se abre la puerta y entra Señor de Seguridad Aeroportuaria 2 y se suma al equipo.
-SEÑOR DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA 2: ¿Nombre?
Se lo digo.
-SEÑOR DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA2: ¿Pasaporte?
¿Me estás jodiendo? Grité para mis adentros, para afuera no tenía sentido. Nada tenía mucho sentido ya en ese limbo de agentes de seguridad y puertas y papelitos. Le explico lo mismo que a la Señora y al Señor pero con menos paciencia.
-YO: Necesito sacar el cigarrillo de la mochila para no perder el vuelo- alcancé a decir.
Avanzamos los cuatro, Señora, Señor 1, Señor 2 y yo, por un pasillo hasta un cuartucho vacío donde un muchacho estaba vaciando una mochila. Entro sin detenerme y me gritan que no, que hay que esperar hasta que termine. “Pierdo el vuelo”, les recuerdo. “Ya, hay que esperar”. Dicen ellos a coro.
Termina el muchacho y entro rápidamente. Miro para todos lados y no veo nada. El cuarto solo tenía una mesa vacía. Ni rastros había de mi mochila. Los miro.
-SEÑOR DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA 2: Ya la traen
Minutos después entraba en escena Muchacho de Seguridad Aeroportuaria cargando la mochila con la energía típica de la juventud.
-YO: ¿Dónde está el cigarrillo?
Silencio. El Muchacho de Seguridad Aeroportuaria me miró con la misma cara que sus antecesores. Abrí la bolsa y empecé a sacar cosas. No había señales del maldito cigarrillo por ningún lado.
-SEÑORA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA: Hay que pasarla por el escáner- opinó
-SEÑOR DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA 2: Es verdad- agregó
-YO: ¿Hasta allá? ¡Vamos a tardar más tiempo!
-MUCHACHO DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA: Ah, ya.
Resulta que había un escáner más cerca. Muchacho fue, volvió y apuntó con una sonrisa el fondo de la mochila. La abrí, lo saqué, lo tiré, cerré la bolsa y se la devolví. Me di media vuelta. “Vamos”, le dije a Señora. “Ah, ya”, dijo ella.
Salí corriendo, subí escaleras sin reparar en si la Señora de Seguridad Aeroportuaria me seguía de cerca o no. Pasé corriendo por el control con detector de metales y me detuvieron en seco. “Vengo con los de seguridad” les dije. “Tiene que pasar por el detector”, me dijeron. Pasé, sonó la alarma. “Quítese el cinturón y vuelva a pasar”, ordenaron. “¿Me estás jodiendo?”, dije yo, “estuve todo el tiempo con tu gente de seguridad”. Pero en el limbo de seguridad y puertas y papelitos las cosas son así. Cuando finalmente llegué corriendo hasta la puerta de embarque el vuelo había cerrado y nos habíamos quedado afuera.
“¿Y ahora?” preguntó Ona. “No tengo la más puta idea” dije yo. “Nos tienen que poner en el próximo vuelo” dijo Romi. “No pasa nada, papá” dijo Nina.

El próximo vuelo de Skyairline a Iquitos era dentro de dos días y nosotros teníamos reservado un paquete con 5 días de excursiones en la selva para el día siguiente. Conclusión: había que comprar los pasajes en otra aerolínea para no perder las reservas.

PLAN DE EMERGENCIA:

1- comprar los tickets por Latam (una fortuna y encima salía a las 5 am del día siguiente y eran recién las 4 de la tarde).
2- Esperar una hora y despachar las valijas (los check-in se abren 12 horas antes).
3- Ir a un centro comercial cercano a comprar un chip de teléfono (en el Aeropuerto Internacional de Lima no vendían) y distraernos.
4- Volver al Aeropuerto al VIP Lounge que incluye mi tarjeta de crédito y cenar y descansar allí hasta la hora del vuelo.
¿Qué podría salir mal?

Un poco de distracción en un shopping


Agotados de tanto stress y mal dormidos volvimos al Aeropuerto a las 20. Cuando intentamos cruzar hacia la zona de embarque nos detiene otra Señora de Seguridad Aeroportuaria: “no pueden pasar aún, su vuelo es mañana a las 5, recién a la 1 de la mañana pueden entrar”.
“No puede ser”, dirán ustedes, “la mato” pensé yo, “me estás jodiendo” dijo Romi. Y al instante le largué a la pobre señora mi catarata de odio y frustración mientras le contaba pormenorizadamente todas las cosas que nos habían pasado y lo imperioso y necesario que era para nosotros cortar la racha y poder sentarnos tranquilos a comer y esperar el vuelo.
-SEÑORA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA 2: Ah, ya, pero no se puede.
En ese instante se produjo un duelo de miradas, de un lado, Romi y una cara de odio que hubiese asustado al mismísimo Hannibal Lecter, por el otro, la Señora y una cara de nada que hubiese envidiado el más avezado jugador de póker. Y fue ahí que en el extraño limbo de seguridad y papelitos y puertas se hizo una grieta y la Señora empuñó un handy, habló con el Dios de los limbos de seguridad y puertas y papelitos, e hizo girar el molinete.
-SEÑORA DE SEGURIDAD AEROPORTUARIA 2: Adentro.
Perú por primera vez nos guiñaba un ojo. No lo dudamos, entramos rápido y fuimos casi corriendo- o corrimos, ya no me acuerdo- hasta el primer lounge que vimos. Nos abalanzamos hasta el mostrador. Sí, aceptaban la membresía que yo tenía. Genial. ¡El PLAN DE EMERGENCIA estaba funcionando! Cruzamos miradas cómplices con Romi, le habíamos torcido el brazo al destino. Bueno, no tanto. Los pases para los lounges duran 4 horas, y nosotros pretendíamos estar 6. “Ah, ya, pero no se puede” dijo la Simpática Chica del VIP, “pero no hay nadie” dije yo, “perdimos un vuelo” imploró Romi, “ya, es que no depende de mí” contestó la Simpática Chica del VIP. Resulta que era verdad, su turno terminaba a las 22 y dependía de la buena onda de su sucesora.

Una noche interminable


Obviamente no la tuvo. A la 1 de la mañana y con su VIP Lounge completamente vacío nos echó amablemente al pasillo. Y así fue, mis queridos amigos, que acostados entre los asientos, con la gente de limpieza pasando la lustradora y los de mantenimiento cambiando lamparitas encima de mí (si, si, encima), esperamos las últimas 2 horas para abordar finalmente el maldito vuelo que nos llevara a Iquitos. ¿Qué pasó en Iquitos? Eso es otra historia.

Sebastián Cabrera

Sebastián Cabrera

Soy un periodista argentino que viajo porque me apasiona y escribo porque, sencillamente, no puedo evitarlo.
Desde niño sentía que las vacaciones no estaban completas hasta que compartía mis aventuras en el recreo de la escuela. Ahora, de grande, ya no tengo el recreo pero sí este blog. La esencia es la misma.

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