VEO VEO*: UNA TAZA DE TÉ


El Nilo fue el escenario
     Una taza de té. Una maldita taza de té era todo lo que podía tomar. De vacaciones, conociendo lugares increíbles, con un calor de locos, y lo único que podía tomar era té o agua mineral. Veía las botellitas de coca transpiradas pasar delante mío, los sándwiches, las cervezas locales, los platos picantes con salsas perfumadas y yo con mi té y mi arrocito blanco; ah, y sin olvidarme del infaltable papel higiénico en la mochila. Por eso, cuando les dicen: tengan cuidado con el agua y con los vegetales crudos si están de viaje…háganles caso, créanme.

Se mira y no se toca
El último chapuzón  
     Hacía calor, mucho calor, pero mi sudor poco tenía que ver con el clima, no, imposible olvidarlo, me quedó grabado a fuego. Y fuego era lo que se sentía en la piel, por eso estaba en la pileta bajo el inclemente sol egipcio, disfrutando del último día del mini crucero por el Nilo, un oasis de confort occidental entre tanta otredad árabe. Nadaba, sonreía, sacaba fotos, cuando, de repente, sentí el llamado de mis entrañas. Y no era cualquier llamado, yo las conozco y sé cuándo están dispuestas a hacerme pasar un mal rato. Y tampoco fue un rato, fueron 30 días. Sí, un mes entero con la maldita (y hasta ese entonces desconocida) diarrea del viajero, todo un mes tomando té y sopa de arroz. Por eso, insisto, tengan cuidado con el agua y los vegetales crudos si no quieren hacer un máster en farmacología en el extranjero y aprender a reconocer un baño apenas entran a un sitio histórico.
La gente miraba las pirámides…
…yo buscaba el baño
     Es que cuando la gente buscaba encuadrar bien su fotografía de las pirámides, yo tanteaba en la mochila que no me haya olvidado el papel higiénico mientras cruzaba los dedos para que las pastillas de carbón no se me acabaran, porque no podía ni imaginarme la escena de tratar de darme a entender en una farmacia en El Cairo. Escena que se terminó cumpliendo días después en Viena, Austria (por cierto, es fácil, se dice “carbon pills”), porque el viaje no terminaba ahí, faltaban trenes, aviones, tres ciudades, museos, caminatas, y comidas, muchas comidas. Una enfermedad terriblemente incómoda, créanme, me sentía como en un cuento de Fontanarrosa, pero no era un personaje sino yo el que corría hacia el baño en el palacio de Schönburnn. Y tamaña sucesión de urgencias y privaciones culinarias terminó, afortunadamente, tras el descubrimiento de la salvadora píldora de loperamida, gracias a un invalorable consejo médico vía Messenger.
Nunca las pude probar
Como un Usain Bolt desgraciado corrí hasta el palacio
     Y si finalmente me decidí a inmolarme ventilando mis intimidades en esta página fue para que ustedes, mis queridos lectores, no pasen por esos momentos aciagos donde el sudor frío recorre la espalda y uno ya no escucha al guía, ni sonríe en la foto, y le importa más el excusado que un graffiti  del muro de Berlín. Se los digo yo, amigos, que me he tenido que negar a las salchichas en Viena, a la cerveza en Praga, al chucrut alemán, que le he sonreído tristemente a mi platito de arroz, a mi taza de té con edulcorante. Doy fe, tengan mucho cuidado con el agua y los vegetales crudos.
Praga y sus cervezas
Era como que toda Europa se burlara
Hasta el muro de Berlin
     Por eso donde ustedes ven una simpática taza de té, yo veo frescas gaseosas negadas, platos locales que nunca saboreé, un símbolo  de los inoportunos apremios intestinales que sufrí. Pero ya aprendí la lección, nunca más caeré en las oscuras garras de la diarrea del viajero, no. Ahora me río con sarcasmo de su recuerdo abrazado a mi cajita de loperamida mientras saboreo un rico y humeante pocillo de café con leche, sí señor.
No se preocupe, señorita, ya tendré mi revancha
*¿Qué es Veo Veo? Es, ante todo, un juego, una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, encontrarnos. Es viajar con los sentidos. Se realiza una vez al mes y las temáticas se eligen en el grupo dinámicas creativas en Facebook.
Sebastián Cabrera

Sebastián Cabrera

Soy un periodista argentino que viajo porque me apasiona y escribo porque, sencillamente, no puedo evitarlo.
Desde niño sentía que las vacaciones no estaban completas hasta que compartía mis aventuras en el recreo de la escuela. Ahora, de grande, ya no tengo el recreo pero sí este blog. La esencia es la misma.

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